Cuando comunicar empieza por callar

Por Jeanne Martorello

Comunicar para una ONG en Bolivia no es solo traducir los posts al español. Es cambiar de lentes, de referentes, de ritmo.
Después de varios meses trabajando en comunicación en Francia y luego en España, llegué a La Paz con automatismos europeos… que rápidamente se enfrentaron a una realidad mucho más compleja, viva y profundamente intercultural.

En este artículo comparto las diferencias que más me marcaron — y los aprendizajes valiosos que me regalaron.

Contextos distintos, relatos distintos

En Europa, comunicamos en sociedades donde el espacio digital está saturado y el público ya está sensibilizado a muchas causas: feminismo, ecología, derechos humanos. Hay que destacar, sí — pero en un terreno conocido.

En Bolivia, comunicamos en un país plurinacional, con realidades muy diversas: la juventud urbana en TikTok, radios comunitarias en quechua o aymara, y zonas rurales con poco o ningún acceso a internet.

Aquí, los relatos son orales, vivos, encarnados. Y las causas que defendemos —maternidad libre de violencias, lucha contra la violencia política hacia las mujeres, defensa de los territorios indígenas— son urgentes, vitales, pero no siempre visibles.

Adaptar el mensaje… y también el marco mental

Lo más difícil no es traducir una campaña, sino desaprender los automatismos que traemos de otros contextos.

¿Un diseño limpio con una frase impactante? Aquí puede pasar desapercibido.

¿Un mensaje de denuncia frontal? A veces hay que tejerlo de forma más sutil, con las palabras del territorio, sin imponer nuestra lectura desde fuera.

Hay que aprender a comunicar con, y no para. Escuchar a los socios locales, dar voz, compartir mensajes que resuenen con la realidad de las personas, y no solo con la de la ONG.

Canales diferentes, vínculos más humanos

En Europa, muchas veces se mide el impacto en clics y compartidos.
En Bolivia, el impacto también se mide en las conversaciones después de una radio comunitaria, en los diálogos que nacen en los talleres, en el número de mujeres que se animan a contar su historia después de ver un video.

Aquí, la comunicación pasa por: 

  • la radio (especialmente la comunitaria), 
  • la imagen, como los murales, que están por todas partes en las ciudades bolivianas y transmiten mensajes potentes, 
  • y por supuesto, Facebook, que sigue siendo la red social principal en zonas rurales y semiurbanas.

Lo que aprendí 

Aprendí que comunicar no es solo “transmitir un mensaje”. Es crear un espacio de encuentro, compartir una historia que genera eco, que invita a reaccionar, a involucrarse, a actuar.

Y eso, tanto en La Paz como en Toulouse, sigue siendo una brújula esencial. Pero en Bolivia, esa brújula se ha enriquecido con nuevos referentes: la lentitud, el matiz, lo colectivo, la traducción entre mundos.

Comunicar para una ONG internacional no es solo cambiar de idioma: es cambiar de mirada.

Y quizás eso sea lo más hermoso que tiene este oficio:
Reaprender a escuchar.
Cuestionar nuestras certezas.
Y hacer de la comunicación… un acto profundamente humano. 

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