La Hoyada: pasado, presente y futuro

Un lugar que te recibe con un Sol de justicia y el atronador sonido del despegue de un Airbus A320. En cualquier otro sitio, sería cuestión del azar, pero aquí se convierten en dos señales para interpretar la historia. 

La Hoyada es el nombre con el que se conoce la vaguada que -entre los años 1983 y 1985- era el terreno contiguo al Cuartel BIM nº51 y al aeropuerto, más conocido como “los Cabitos”. Una cuenca natural que, durante mucho tiempo, parecía destinada únicamente a contemplar impasiblemente las maniobras político-militares que se realizaban en esas instalaciones se convirtió en testigo inesperado de torturas, violaciones y ejecuciones. La Hoyada sirvió durante ese tiempo como campo de ejecuciones, y fue coronado por un horno crematorio para borrar las pruebas de las atrocidades cometidas en ese centro de violación de los derechos humanos. 

Los rumores de lo que pasaba en ese lugar se expandían a todo aquel que tuviera la sensibilidad suficiente para escuchar las historias que se contaban, pero no fue hasta la constitución de la Comisión de la Verdad y Reconciliación cuando se destaparon de forma pública los actos que allí habían sucedido.  

Durante años, mamás, familiares y amigos acudían espontáneamente al lugar para rendir homenaje a la memoria de sus desaparecidos, y habían defendido el espacio de los intentos de ocupación promulgados desde las sombras por el ejército. Pero no fue hasta 2015 cuando, gracias al impulso de familiares y la sociedad civil organizada, las instituciones públicas finalmente decidieron dar al espacio la dignidad que se merece. Así nació el proyecto del Santuario de la Memoria de la Hoyada. 

Y así llegamos al día de hoy. Después de un largo tiempo, se celebraba una jornada de Trabajo de la Comisión pro-Construcción del Santuario de la Memoria de la Hoyada, dividida en dos partes: una primera, dónde se hacía una visita para descubrir y evaluar el avance de las obras; y una segunda para socializar y discutir cuáles eran los siguientes pasos. A pesar de las dificultades técnicas y burocráticas, y los impedimentos políticos y administrativos, lo mejor es la esperanza de que finalmente el Santuario vea la luz lo antes posible. 

Al inicio destacaba el simbolismo del avión despegando. Por la proximidad del sitio al aeropuerto, ese ruido atronador era el modo como los que corrían la desgracia de caer en ese lugar reconocían donde estaban. También fue la prueba irrefutable que sirvió en los juicios para desenmascarar la verdad. Que cada vez que visitemos el Santuario de Hoyada recordemos aquellos que lo escucharon por última vez, y que su memoria nos sirva para no volver a caer en los mismos errores. 

Y el otro elemento simbólico, el Sol que ahí irradia con más fuerza. Que el Sol de justicia que impera en este lugar sirva para que todos aquellos que la han perseguido durante años la encuentren en ese espacio. Que sirva para las generaciones futuras como un baluarte de la memoria de un pueblo que durante años ha sufrido los peores males de la humanidad, y para que todos entendamos que la paz y la justicia son los únicos caminos que nos pueden llevar a hacer del mundo un lugar mejor. 

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